Escrito por Tendenzias

Tazio Nuvolari, antes de la Segunda Guerra (historia)

De este modo, en 1935 Nuvolari volvió a correr con Alfa Romeo. Los aficionados se alegraron extraordinariamente; él un poco menos, pues se daba cuenta de la inferioridad de medios en las confrontaciones con los bólidos alemanes. Sin embargo, continuó compitiendo con una tecnicidad admirable y el 28 de julio en el Gran Premio de Alemania, en Nürburgring, logró realizar una hazaña increíble. Nueve coches alemanes, de los cuales al menos 5 eran competitivos, no fueron suficientes para detenerle.

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El adversario que resistió hasta el final fue Manfred von Brauchitsch, piloto de Mercedes, que en la última vuelta parecía haber ganado ya la carrera. Sin embargo, mientras todos esperaban la llegada del plateado coche alemán, cruzó la línea de meta un bólido rojo. Muchos pensaron que se trataba de un rezagado, pero la ilusión duró pocos segundos: era el coche 12, piloteado por Tazio Nuvolari, que increíblemente había ganado el Gran Premio, tras obligar a Brauchitach a destrozar sus neumáticos sobre el difícil Nürburgring.

Las decepciones de los alemanes aún no terminaron ahí. Al año siguiente, a pesar de que Alfa Romeo realizó un nuevo modelo (tipo C), la inferioridad de los vehículos italianos fue todavía evidente. En 1936, que sería la gran temporada de Bernd Rosemeyer, Nuvolari se defendió al límite de sus posibilidades. Su conducción era más esencial, pero aún seguía presentado las mismas características de espectacularidad. Entretanto, su salud comenzó a ser motivo de preocupación y el mantovano tuvo que ser hospitalizado por algún tiempo. Pero mucho más graves eran las condiciones en que se encontraba su hijo Giorgio.

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Empezó, aquel año, Nuvolari, pese a haberse visto duramente probado en el aspecto físico y moral, batió nuevamente a los alemanes en la Copa Ciano (Livorno), en el Gran Premio Penya Rhin y en el Gran Premio de Hungría, concluyendo la temporada con una clamoroso triunfo en la Copa Vanderbit de Nueva York.

En 1937, la inferioridad de los Alfa Romeo se acentuó todavía más, a la par que empeoraba la salud del hijo de Nuvolari: el joven Giorgio moriría a finales de junio. En estas condiciones, el campeón ganó únicamente en Turín, una carrera de escasa importancia, aunque en los Grandes Premios todavía hizo gala de una clase y una combatividad incomparables. Su cuarto puesto en el Gran Premio de Alemania, por ejemplo, fue fruto de una carrera excepcional y, considerando la aplastante superioridad de los vehículos adversarios, valió ciertamente más que la victoria en la Copa Vanderbit.

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A principios de 1938, mientras probaba en Pau un nuevo Alfa Romeo, el coche se incendio y tan sólo logró salvarse arrojándose del coche en marcha. Nuvolari ya se encontraba cansado de correr frente a los coches alemanes que no le permitían conseguir ninguna victoria. Por ello, aprovechó la ocasión del accidente para romper con Alfa Romeo y pasarse a Auto Unión que, sin Rosemeyer (fallecido trágicamente el 28 de enero de 1938), andaba a la búsqueda de un jefe de equipo.

La decisión fue grave, pero calculándolo todo, Nuvolari, además de asegurarse un coche competitivo, adquirió de este modo un mayor prestigio. Se trataba de empezar de nuevo, desde el principio, ya que el Auto Unión era un vehículo nada ortodoxo, con el motor colocado en la parte trasera. Había que cambiar la técnica de conducción. Los demás estaban a la expectativa, curiosos de poner a prueba la capacidad de adaptación de un piloto que parecía acabado.

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